Pues coincido bastante contigo. Lo de opuslibros, la verdad es que no lo sigo desde hace tiempo: ya se encargan sus lectores de enviarme comentarios y preguntas, como es palpable en este blog. Tengo poco tiempo y como los temas son siempre los mismos y no quieren rectificar las informaciones calumniosas que publican, como noticias rectificadas incluso por los autores, o acusaciones hasta de presuntos delitos, pues no me creo nada. Vamos a por la verdad, o no vamos. Ahora no sé si admiten opiniones. Lo que pasó es que reconocieron que cometieron un error al publicar la frase "aquí se admiten todas las opiniones menos las equivocadas". Y lo borraron.
Es mentira que haya coacción en el Opus Dei. Yo, si quiero, me voy esta tarde. Nadie me va a retener. Nadie me puede retener. Es más, no creo que nadie quiera de verdad retener a alguien: aguantar a un tipo de esos, que estuviese "sin querer estar", sería bastante pesado, como puedes imaginar. El que no esté a gusto, que se largue. Pero ya. Tenemos mucho que hacer y no estamos para retener a gente infantil, que se quisiera quedar por temor a largarse.
Estoy, estamos todos, porque nos da la gana. Libremente. Libérrimamente. Y además, estamos por amor. A Dios y a los demás. Y somos felices y disfrutamos de la vida, de una vida con Dios, que es la mejor vida, y por eso no sólo nos quedamos, sino que deseamos que Jesucristo llame a muchos por este camino maravilloso. Pero gente preparada, madura, que sepa a lo que viene: a entregarse por completo en servicio de la Iglesia y de toda la humanidad.
Dicho sea con todo cariño a los que han estado en la Obra, cuyas razones para dar los pasos que dieron libremente sólo Dios conoce. Y aprovecho para volver a afirmar que la inmensa mayoría están felices, agradecidos a Dios y al Opus Dei, por unos años que para ellos significaron mucho y que les aportaron cosas muy grandes, que les servirán para toda la vida. Y nosotros, agradecidos a ellos, que quisieron ser y fueron generosos, aunque, por las razones que sean, no hayan continuado. Un aplauso muy fuerte para todos ellos (plas, plas, plas) y una oración: que nunca nos apartemos de Jesús.

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