En la actualidad me encuentro en un momento en el que tengo que decidir cómo comprometo mi tiempo libre en el futuro. Como comenté anteriormente, hasta el curso pasado me dedicaba a labores de entrenador en un deporte que me apasiona: el fútbol sala. Debido a la multitud de viajes (me conozco
Galicia y sus hoteles casi al dedillo) decidí "colgar los libros de entrenador" (los jugadores cuelgan las botas) y me dedico a tareas de organización dentro del
club deportivo al que pertenezco.
Hace poco me hicieron una oferta para volver a entrenar a un equipo de la misma categoría, también en Madrid. En un principio me sedujo muchísmo la idea, me atraía el proyecto y su futuro. Durante estos días, más
serenamente, he valorado todo y desde todos los puntos de vista que vinieron a la cabeza. La verdad que soy como un imán a la hora de liarme con cosas para hacer. Consiguieron animarme para iniciarme con este blog, luego pasarlo a una
web, dar clase de fútbol sala en el colegio Tajamar y luego las actividades que coordino en Tres Cantos.
No entrenaré el próximo año, esta es mi decisión final. En lo deportivo seguiré vinculado a mi club, añadiendo nuevas facetas a las responsabilidades actuales. En lo personal, seguiré disponiendo del tiempo necesario para "mis actividades", no solo las profesionales, además de la tranquilidad que me dará el poder manejar mi tiempo libre, sin el corsé que supone el tener un horario comprometido para entrenamientos y viajes. Por supuesto, no tendré que hacer genialidades relojeras para seguir asistiendo a los medios de formación que frecuento: círculo de cooperadores, retiros mensuales, etc., etc. y que recibo en un centro del Opus Dei en mi barrio, Vallecas. Tiempo para mi familia y mis amigos.
Sinceramente, me gustaría entrenar, es como una droga, pero ahora no toca. No me siento un mártir por esta decisión, tampoco es un acto heroico por mi parte. Es lo que me hace más feliz y objetivamente debo hacer.
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