Gracias a Dios, ayer por la tarde se disiparon todos los asuntos "complicados". Hoy parece que quiere salir algo de inspiración, pero la cabeza anda algo dura todavía.
Haciendo memoria, sigo teniendo pendiente desde el mes de enero el escribir sobre una
historia. Durante estos días pasados he tenido a mucha gente rezando por mis cosas, muchos de ellos del
Opus Dei y otros bastantes que no. Como tengo amigos de toda "especie y condición", también les decía a ellos que si rezaran también se lo pediría. En los momentos duros es donde se notan los amigos y alivian ese paso, porque son tiempos en los que se necesita estar acompañado.
En ocasiones pedimos milagros a Dios y no pensamos en lo que racaneamos en pequeños detalles de generosidad con Él. Le pedimos que muestre su grandeza y encima nos enfadamos porque las cosas no salen como YO quiero, y decimos que no entiendo, que dónde se mete, por qué a mí... y seguimos flojeras en asuntos que tienen una relativa importancia, tan grande como nosotros mismos se la queramos dar.
También ha sido un buen momento para agarrarse más fuerte a la vida de piedad. He descubierto, la verdad que fue hace tiempo, que esas prácticas no son una lista de actividades que uno va "cumpliendo" sin más. Son encuentros personales con el mismo Dios. Uno por naturaleza no es masoca -no lo soy para nada-, simplemente intenta aprovechar esas cosas que fastidian un poco para ofrecérselas al Señor. Si se pierde la perspectiva sobrenatural de estos actos es cuando, es cuando entra el no entiendo, para qué rezar tanto, para qué ese sacrificio... cuando entra el pasotismo comienza la tibieza.
Tengo la suerte de contar con buenos amigos y una gran familia. Es cierto, donde se nos cierra una puerta, Dios abre una ventana. Una vez más, la fotografía la he tomado del
blog del Claudia.
Gracias a todos.
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