El pasado sábado falleció Emilio Nadal Casasnovas. El domingo fue enterrado en el cementerio de la Almudena (Madrid). Ha trabajado durante muchos años en servicio de la Iglesia y del Opus Dei en la Comisión regional de España. Pasando oculto y sirviendo en la sombra a todos. Impulsó especialmente la formación profesional y teológica de los miembros del Opus Dei en España. Como homenaje, copio tres noticias aparecidas recientemente en la blogosfera:
Estos días me ha venido a la cabeza una frase que leí y no recuerdo dónde: amigo es aquel con el que se puede pensar en voz alta. Para mí Emilio ha sido un gran amigo. Me lo demostró con obras y se que desde el cielo estará pendiente de mi. De hecho así se lo pedí cuando le vi el domingo
En Cara a Cara: Ayer falleció Emilio, médico; la mayor parte de su vida dedicado a tareas de colaboración, formación y gobierno de la Prelatura del Opus Dei, en la Comisión regional de España. Siempre le vi sonriente, animante, atento a las preocupaciones de los demás; gran jugador de fútbol, apasionado, tenista más tarde. La última vez que hablamos, me sugirió algunas posibles publicaciones y que tuviese un corazón grande, cariñoso, para querer y animar a mis colegas, sin enquistarme en pequeñas cuestiones de la vida académica. Un verdadero motor de iniciativas educativas y académicas. Frisaba los sesenta. Qué pena Señor que te lleves a gente que podía hacer tanto por ti. Pero Tú sabes más. Emilio, descansa en paz y muchas gracias, un honor haberte tratado.
En Pensar por libre: Me hablas de morir «heroicamente». —¿No crees que es más «heroico» morir inadvertido en una buena cama, como un burgués..., pero de mal de Amor? (Camino, 743).
Ayer, a primera hora de la tarde, falleció en Madrid Emilio Nadal. Era médico; fue director del Colegio Mayor Ayete en San Sebastián, y trabajó como Delegado de Estudios en la Comisión regional del Opus Dei en España durante muchos años. En el mes de junio de 2008 fue operado de un tumor cerebral que los médicos sólo pudieron extirpar en parte. El pronóstico era muy malo: seis meses, dijeron.
Emilio tenía prisa. Sabía que la vida se le escapaba y quería aprovechar cada minuto, cada segundo, para ponerlos al servicio de Dios y de los demás. Los que le trataron en los últimos meses coincidían en que era un hombre feliz, entusiasta, que animaba a los que iban a visitarle.
Trabajó hasta que no pudo más. Recibió la Comunión hasta el último día. Ayer y hoy han velado su cadáver cientos de personas. Esta tarde recibirá sepultura en el Cementerio de la Almudena. Yo a esa hora estaré predicando la última meditación del retiro. Hablaré de lo que toca: "magnanimidad y fortaleza". Y pensaré en Emilio.
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