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Creo en Dios, pero no voy a Misa |
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viernes, 12 de enero de 2007 |
«La iglesia es sofocante y está enmohecida. La gente canta horriblemente mal. El pastor o sacerdote predica lugares comunes. Tampoco se sabe quién puede tocarle a uno al lado. No se puede sentir devoción cuando el vecino tiene un resfriado, apesta a cebolla -¡incluso a ajo!-, se dedica a murmurar constantemente, no para de moverse de un lado a otro...
En estas circunstancias, no tiene ningún sentido ir a la iglesia. Dios existe, Dios es bueno, nos sentimos agradecidos. Pero también podemos darle las gracias en cualquier otro sitio. En el bosque reina el silencio, las flores florecen y no apestan a ajo, allí se puede sentir mucha más devoción. Prefiero ir al bosque, allí me encuentro mucho más cerca de Dios» (en lugar de bosque puede ponerse: mi jardín, junto al mar, a orillas de un lago, en la naturaleza tonificante).
¿Conoce usted a la persona que habla así? Le conocemos todos. No es ningún caso raro. No seamos maliciosos preguntándole cuándo estuvo la última vez en el bosque o si de verdad cuando dice «bosque» se refiere en realidad al campo de golf, a un viaje en barco o a lo mejor sólo al aperitivo. Es mejor darle un margen de confianza haciéndole la concesión de que efectivamente se puede sentir una gran devoción en medio de la naturaleza. Seguro que nadie se opone a que vaya al bosque, ni siquiera Dios. Pero debería ir antes a la iglesia. Pues lo que importa -y disculpen ustedes por favor- no es lo que más le apetece. Lo que importa es lo que quiere Dios. Ahora protesta, naturalmente. Es cristiano, ha leído el Nuevo Testamento, «¡Jesucristo predicaba en la montaña, al aire libre, en el lago desde el bote, así que ya ve!». Eso es cierto, pero también -y con mayor frecuencia- en el templo. Claro que cuando quería predicar para cinco mil personas tenía que hacerlo al aire libre, pues no existían templos tan grandes, excepto en Jerusalén (donde efectivamente predicaba en el templo).
Lo que se celebra en los templos, en las iglesias, es servicio divino. Se trata de servicio y no de provocar sentimientos edificantes paseando solitario por el bosque. Ningún servicio es siempre agradable. ¿Qué diría su superior terrenal, estimado amigo de la naturaleza, si usted, en lugar de ir a la oficina, al laboratorio o a la fábrica, se fuera al bosque, porque allí puede concentrarse mejor que en la empresa?
Temo que le echarían muy pronto. Y entonces efectivamente dispondría usted de mucho tiempo para pasear por el bosque. ¿Acaso pretende proponerle a Dios lo que jamás se atrevería a proponer al jefe de oficina, al jefe médico, al director de fábrica? Y si usted mismo fuese jefe de oficina, médico jefe o director de fábrica, ¿daría ese ejemplo a su personal? El bosque es el bosque y el servicio es el servicio.
Me parece una ingeniosa explicación. Creo que una fe sin obras es una fe muerta. Es decir, si uno cree, en Dios ha de demostrarlo con sus obras. Ir a Misa es una de esas obras que muestran nuestra fe. |
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Mi perfil:  Me llamo Antonio González. Tengo 23 años. Soy numerario del Opus Dei . Y estoy muy contento de serlo. Tengo una web con libros variados y un blog: soy numerario del Opus Dei , que es el origen de este. Trabajo en Madrid (España) como administrador de la red informática de una multinacional. Soy licenciado en Ciencias Físicas. También trabajo como director de un centro de la Obra en Madrid, tarea a la que dedico las tardes. Desde mi centro atendemos otros dos en Toledo y Villalba (dos poblaciones cercanas). Si quieres saber más sobre mí, puedes ver Antonio González en Facebook Desde hace unos días, me ayuda mi hermana Pilar a responder algunos de los e-mails que me llegan. Ella es numeraria del Opus Dei. La foto está tomada el pasado mes de enero, cuando fui a vistarla a Santa Cruz de Tenerife, que es donde vive. |
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