
A mi, por lo menos a mi, nunca me han obligado a que mi dirección espiritual la llevara un sacerdote de la Obra. Ni jamás me he sentido coaccionado, ni condicionado, porque así fuera. Pero si que voy a contar mi experiencia personal de lo que me sucedió cuando estaba en el club de fútbol sala de Tres Cantos. Antes de ir a visitar la escuelas que teníamos, hacía un rato de oración en una parroquia que está junto a una de las instalaciones donde realizábamos las actividades. Había un sacerdote, no era -ni es- del Opus Dei, y decidí hablar con él un día para ver si podía confesarme con él y que fuera mi director espiritual. Así lo hice.
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Fotografía del blog de mi amigo Javier
A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.
Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

Asumo el riesgo de que lo que vaya a escribir hoy pueda ser interpretado, por algunos, como un síntoma de melancolía. Nada de eso. Somos dados a poner por encima de los hechos –y de las personas también- nuestra propia valoración, aquella que sacamos de las cosas que ocurren en nuestro entorno. Nos consideramos capaces de saber interpretar a la perfección cada detalle. Por ejemplo –siento mucho poner esta comparación-, si mi problema de escribir o no, fuera el que tengo varios blogs, la solución sería fácil, con dejar unos cuantos en el camino ya estaría. Esa no es la solución, porque tampoco es el problema.
No deseo desviarme de lo que me gustaría dejar dicho hoy. Soy cooperador del Opus Dei, está más que comentado en varios sitios de este mismo blog. Aunque alguien opina que estoy “manipulado” para hablar bien de la Obra, tampoco hay nada de cierto en esto. Es más, por el centro donde recibo los medios de formación –porque quiero recibirlos- voy una vez a la semana, y no siempre puedo ir por otras cuestiones.
Ultima actualización ( Martes 02 de Septiembre de 2008 14:22 )

Hoy, día de la Virgen del Carmen, celebramos la fiesta de mi barrio, Vallecas. En este barrio tan laico llevamos unos años que no festejamos, mejor sería decir que no festejan, esta fiesta de la Virgen, sino que la llaman la fiesta de la Carmela. Quitan todo símbolo religioso. Este hecho me hace pensar sobre la vergüenza que nos da, o nos pueda dar, que nos relacionen con ser cristianos y no digamos ya con que nos puedan asociar con cualquier institución de la Iglesia Católica. Porque en ocasiones los respetos humanos nos vencen y hasta lo llamamos, así somos, prudencia o discreción.

Soy de los que piensan, creo que no hace falta ser muy lumbreras para ello, que lo que hacemos o decimos es una manera de responder a lo que somos, o queremos ser. También ocurre que en el ánimo de hacer las cosas correctamente pues a veces nos podemos equivocar. Hace poco he descubierto el blog de Lidia. En varios de sus post menciona con frecuencia lo de tener y vivir (lo estoy resumiendo a lo grande) en presencia de Dios. Estoy de acuerdo. A eso añadamos lo de considerarnos hijos de Dios y portarnos como tales. Hay un punto de los escritos de san Josemaría que más han calado en mi, por la rotundidad de la pregunta. Es uno que aparece en Forja, me estoy refiriendo al número 511: "¿Minucias y nimiedades a las que nada debo, de las que nada espero, ocupan mi atención más que mi Dios? ¿Con quién estoy, cuando no estoy con Dios?".
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