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sábado, 30 de diciembre de 2006 |
El Opus Dei, desde su fundación en 1928, difunde el mensaje de la llamada a la santidad de todos los bautizados, en el cumplimiento del propio trabajo y de las obligaciones personales de cada uno. El espíritu del Opus Dei tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio, sino que lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con la mayor perfección posible. El Opus Dei, con su espíritu esencialmente secular, sirve a la Iglesia y a la sociedad fomentando la santidad y el compromiso apostólico personal de los fieles cristianos, ayudándoles a descubrir y asumir las exigencias de su vocación bautismal en el lugar que cada uno ocupa en el mundo.
Algunos rasgos del espíritu del Opus Dei son: 1. Filiación divina: un cristiano es un hijo de Dios, en virtud del bautismo. 2. Vida ordinaria: el cristiano corriente puede buscar la santidad a través de las circunstancias de su vida y de las actividades que desarrolla. 3. Santificación del trabajo: es como el quicio en el que se apoya la entera vida espiritual del cristiano corriente. 4. Amor a la libertad: los fieles del Opus Dei son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los otros ciudadanos, sus iguales. 5. Vida de oración y de sacrificio: oración, asistencia diaria a la Santa Misa, confesión sacramental, lectura y meditación del Evangelio, etc. Para imitar a Jesucristo, realizan también sacrificios, especialmente los que facilitan el cumplimiento fiel del deber y hacen la vida más agradable a los demás, así como la renuncia a pequeñas satisfacciones, el ayuno, la limosna, etc. 6. Caridad y apostolado: los miembros del Opus Dei se esfuerzan en dar testimonio de su fe cristiana. |