Artículos | Cáncer | Dolor | Enfermedad | Opus Dei | Religión | Sin categoría | Sufrimiento | Testimonios | Videos  

Opus Dei

Canal con vídeos sobre el Opus Dei en youtube:

http://youtube.com/videosopusdei

Para que puedas votar, comentar y marcar como favoritos los que más te gusten

Ver los vídeos seleccionados por los lectores

Vídeo promocionado: Andrea, numeraria auxiliar del Opus Dei, cuenta su vocación
Los vídeos más votados de esta página
 
Últimas noticias:

Más vídeos del canal: http://es.youtube.com/videosopusdei 
 

Por qué volví al Opus Dei
Por qué volví al Opus Dei

Opus Dei: Llevo 30 años en el Opus Dei; hago lo que me gusta
30 años en el Opus Dei; hago lo que me gusta

video opus dei
Soy del Opus Dei y me dedico a mudanzas

video opus dei
Fui del Opus Dei: estoy agradecida

video opus dei
Opus Dei: me hice del Opus Dei a los 23 años

Testimonio de un numerario del Opus Dei
Testimonio de un numerario del Opus Dei

vídeo
El Opus Dei no me ha intentado influirme

Opus Dei: amistad vs captacion
Amistad vs captacion

vídeo
Margot: la obra social del Opus Dei

Opus Dei con humor
Opus Dei con humor

Opus Dei - Nio: from China to Opus Dei center in Canada
Nio: from China to Opus Dei center in Canada

vídeo
Solo puedo agradecer al Opus Dei

vídeo
El Opus Dei me lleva a Dios

vídeo
Opus Dei desde Quebec

vídeo

vídeo
Opus Dei: vamos deprisa?

vídeo
Confianza y tranquilidad

vídeo
Opus Dei ficticio vs Opus Dei real

vídeo
Confesarse cuesta

vídeo
El Opus Dei me da ideas claras

vídeo
Vivo en un colegio mayor del Opus Dei

Opus Dei: testimonials of real people of Opus Dei 1/3
Testimonials of real people of Opus Dei 1/3

vídeo
Testimonials of real people of Opus Dei 2/3

vídeo
Testimonials of real people of Opus Dei 3/3

 

Tranquilízate que pronto pasará

PDF Imprimir E-Mail
martes, 28 de agosto de 2007

Una tarde de febrero de hace siete años, en el consultorio de un radiólogo de Ragusa, me enteré de que mi hija Serenella, de dieciséis años, tenía un tumor en las costillas. La noticia me dejó trastornada y se me clavó una espada en el pecho. Después vino el viaje al Rizzoli de Bolonia, mi terror al verme rodeada de muchachos con el pelo caído que estaban haciéndose radioterapia, las terribles noches en la habitación del hotel, noches en las que me hundía en un túnel negro, aunque dejase siempre la luz encendida.

Y todo esto vivido sin Dios. Durante largos años yo había vivido teniendo por lema las palabras que mi paisano Pirandello pone en labios de la Verdad: «Para mí, yo soy lo que la gente piensa que soy». Esta frase me la había repetido una y otra vez para paladearla y hacerla mía; con ella saboreé el embrujo de la duda y la convertí en el compendio de mis razonamientos sobre el sentido de la vida.

La mañana siguiente a la operación me desperté muy temprano, oí los quejidos de Serenella y me di cuenta de que habían sido sus quejidos los que habían interrumpido mi sueño; salté de la cama y corrí a su lado: estaba aún inmóvil, apoyada en un montón de almohadas y atravesada por una miríada de tubos. Le di un beso, le arreglé el pelo y reanudamos la conversación con los ojos y con gestos, porque la sonda que tenía en la nariz no la dejaba hablar bien. Pero por la noche la situación cambió de golpe: se intensificaron los dolores y las molestias debidas a los tubos y a la postura en que tenía que estar. Lloraba y gritaba. «Tranquilízate, Seré -le decíamos-, que pronto se pasará. Cada hora que pasa es un alivio y te irás poniendo mejor». «¡No habléis! ¡No digáis nada! ¡Sufro demasiado! ¡Me quiero morir, me quiero morir!»

No esperábamos una crisis asi. ¿Qué podíamos hacer, cómo consolarla? No encontrábamos palabras para calmarla. Para su llanto y su aflicción de nada servían nuestras palabras, y todos nuestros esfuerzos por consolarla sólo servían para disgustarla más. Como si su dolor estuviese demasiado lejano para podernos acercar a él de alguna forma: un dolor, no sólo intenso, sino de una naturaleza distinta. Entonces pensé que a las personas que están para morir o que están sufriendo mucho se les dan los consuelos religiosos. No tenía ni la menor idea de lo que había que decir en esos momentos, pero entendí que no había palabras más apropiadas que esas oraciones y esas súplicas. Se me ocurrió que a Serenella, que sabía rezar, podrían hacerle bien algunas lecturas de tipo religioso. Me vino a la mente aquel librito que le hacía leer la maestra en la escuela primaria y del que copiaba algunos párrafos en su diario escolar. No sabía quiénes eran sus autores ni que estuviese dividido en capítulos y versículos. En una palabra, yo nunca había abierto un Evangelio.

«Serenella, ¿quieres que te lea alguna página del Evangelio?», le pregunté temerosa, esperando haber acertado. «Sí, mamá, léeme el Evangelio», me contestó, con tono de entrega y abandono. Mi marido se fue corriendo a pedir uno a los capellanes del hospital. «¿Qué quieres que te lea?», le pregunté, con miedo a no conseguir encontrar fácilmente el pasaje que me pidiese y avergonzada de mi ignorancia. «Léeme la Pasión», contestó. Los pasajes de la Pasión son fáciles de encontrar, están al final, pensé, y eso me tranquilizó. Me senté a su lado y empecé a leer.

Tengo un recuerdo bien vivo de aquel momento. Sólo teníamos encendida una lamparita, de débil luz amarillenta que se proyectaba sobre la pared, para que no la molestase la luz. La postura vertical, el rostro brillante por las lágrimas y reclinado, el pelo largo suelto, los tubos de drenaje que le salían por todas las partes del busto, la sonda que tenía en la nariz, los hilos de Kirsclmer que le sujetaban las costillas operadas, y luego aquel tosco camisón del quirófano que aún llevaba puesto, todo tenía el aspecto de un drama muy similar al que yo estaba leyendo. Lo que se describía en aquellas páginas yo lo tenía ante mí, revivido ahora en la carne de mi hija.

Yo leía: «Lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: ¡Salve, rey de los judíos! Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza». Yo leía lentamente, y mientras tanto Serenella iba dejando de quejarse. Las lágrimas de sus mejillas se secaron. Luego, de pronto, se durmió. La hija se dormía y la madre… ¡se despertaba! Aquella noche dejé de ser atea y empecé a ser creyente. No es que hasta entonces me hubiese rebelado ante el dolor, pero no lo entendía, no entendía su porqué, su sentido. Ahora, la belleza de aquellas páginas y de las palabras pronunciadas en la cruz, y la misma petición de mi hija de que le leyese párrafos de la Pasión, me iniciaron en su misterio y en su sabiduría. Aquella noche empecé a entender todo el encanto que puede existir en el dolor inocente.

Fuente: Raniero Cantalamessa, Querido Padre…

 
Siguiente >

Blogs alojados: 

Soy un numerario del Opus Dei
Videos con testimonios  
Hablemos de todo, fui del Opus Dei
Opus Dei desde Argentina
La imagen es el mensaje
Volver a nacer, por un sacerdote del Opus Dei
Foro XXI, por un agregado del Opus Dei

Sobre el Opus Dei:
¿Qué es el Opus Dei?
Testimonios
Preguntas - FAQ

Descargar libros gratis

Concurso: Y tú, qué preguntarías sobre el Opus Dei?

concurso videopreguntas Opus Dei
¿Cuantos están conectados?
Hay 1 invitado en línea
Visitantes: 1600277
 Add to favorites
 Make Homepage
 
Escribe a Opus Dei al día:
Para cualquier sugerencia, pregunta o comentario, aquí puedes escribirnos: Si quieres que te respondamos, deja tu e-mail y tu nombre.

Opus Dei al día - soy numerario del Opus Dei - descargar libros gratis - Opus Dei vídeos - Opus Dei testimonios - Opus Dei vocación

qué es el Opus Dei ? - el Opus Dei es una secta ? - colegios del Opus Dei - anti y ex Opus Dei - enlaces sobre el Opus Dei - mapa del sitio  

contacto: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla ; más información en Antonio González en Facebook