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Volver a nacer
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miércoles, 24 de octubre de 2007 |
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Hace años vi una entrevista al arquitecto mexicano Bosco Gutierrez. Me gusto mucho como otros que lo han visto. Sé que han hecho una nueva versión de los hechos. En él narraba los 275 días en los que estuvo secuestrado en una habitación de tres metros cuadrados.
La semana pasada leía una entrevista suya en la que contestaba al sentido de aquella experiencia:
“Fue como si Dios me hubiera llamado y, ya al borde de la muerte, yo le hubiera suplicado que me dejara vivir un poco más: Señor, soy joven, tengo 7 hijos muy chiquitos y a Gaby, mi esposa…En cierto modo, Él me contestó: Hijo, no te regresaré al vientre de tu madre, pero te dejaré 9 mese en este cuartito para que de tus recuerdos, tu inteligencia y tu pasado saques propósitos de cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Así fue: viví en un espacio de reflexión continua durante 9 meses, y ahora entiendo que estoy en mi segunda oportunidad. Al recordarlo, renuevo mi actitud de vida para corregir mis tendencias desordenadas hacia el orden verdadero que es Dios, en primer lugar; mi familia y demás círculos de gente, en segundo l ugar; y mi trabajo y ambiciones materiales, en tercer lugar”
Esta es la consecuencia común a los que hemos estado en situaciones cercanas a la muerte: una segunda oportunidad que no debemos desaprovechar. No creo que sea necesario pasar por una situación extrema pero a los que la hemos vivido no se nos escapa este matiz. Las circuntancias nos han empujado. Sin embargo hay otras maneras más sencillas de replantearse la vida.
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miércoles, 08 de agosto de 2007 |
Acabo de leer este relato de la madre Teresa de Calcuta. “Jamás el dolor estará ausente por completo en nuestras vidas. Si lo aceptamos con fe, se nos brinda la oportunidad de compartir la Pasión de Jesús y de demostrarle nuestro amor. Un día fui a visitar a una mujer que tenía un cáncer terminal. Su dolor era enorme. Yo no sabía si sufría más por tener que dejar a sus hijos o por la agonía de su cuerpo, y le dije: Jesús en la cruz se le ha acercado tanto que comparte su pasión con usted y la quiere besar. Esto no es otra cosa que un beso de Jesús, una señal de que está tan próxima a Él en la cruz que le resulta facil darle un beso. Ella junto las manos y dijo: Madre, pídale a Jesús que no deje de besarme. |
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jueves, 03 de mayo de 2007 |
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Siguiendo el consejo del semanario Alfa y Omega, he leído el blog de Olga Bejano. Me he copiado algunos textos para publicarlo. Pero lo que realmente vale la pena es que cada uno entre (olgabejanodominguez.blogspot.com) y se empape de este testimonio de vida. Podía escribir vida con mayúscula porque a pesar de todas las limitaciones que tiene para vivir transmite una esperanza y sentido de la vida que es envidiable. |
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jueves, 03 de mayo de 2007 |
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En el año 2005 tuve la oportunidad de estar en Roma. Coincidí con la marcha al Cielo de Juan Pablo II. Cuando uno ha estado comprometido con una enfermedad grave hay algunas cosas que dejan poso, entre otros una cierta sensibilidad por el dolor y la enfermedad ajena. En el caso de Juan Pablo II me permitió unirme más a él, acompañarle en sus últimos días. Algunos enfermos se preguntan por qué me tiene que ocurrir a mi estas cosas o tengo que sufrir esta enfermedad. Cuando se tiene fe, el planteamiento es distinto: qué espera Dios de mí en esta situación que humanamente puede parecer tan dura. En este sentido, me atrevo a decir que ahí esta la respuesta de Juan Pablo II”. |
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jueves, 03 de mayo de 2007 |
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En el mes de febrero o enero de 1999, viviendo en Roma, fui por primera vez consciente de la aparición de un pequeño bulto en la parte superior de la pierna, justo debajo de la ingle. El primer médico al que le pregunté, restó toda importancia. A las semanas, consulté lo mismo a otro. Me respondió que podía ser la consecuencia de una inflamación. Ante estas dos consultas y como los dos le quitaban importancia, me desentendí del asunto. Mi vida era totalmente normal, trabajaba y hacía deporte como siempre. Hacía bicicleta por los alrededores de Roma. Jugaba a fútbol. Ni sentía dolor, ni había ningún otro síntoma que me hiciera pensar en otra cosa. |
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